Tú abrazaste con gozo un instinto. Con él has volado por los espacios de la vida. Del vuelo tienes ya un nutrido álbum de recuerdos. Pero ahora, cuando el vuelo escasea en sorpresas y novedades, cuando de la tierra que divisas bajo tus alas posees una foto panorámica bastante cumplida, te asaltan, te sonríen, te tientan otros instintos; y tú te sonríes porque los dabas por extinguidos. Estaban olvidados. Estaban en el desván de la conciencia, pero no muertos. Son ascuas de ilusiones y sueños abandonados. Tú les volviste la espalda, pero no se apagaron. Siguen siendo parte de tu ser y sentir.
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