Mi médico me habla de tú y me agrada. Yo en cambio le hablo de usted aunque casi seguro le doblo la edad-me merece un gran respeto. Le digo también siempre doctor, un tratamiento en que se encierra mi confianza en su abnegada profesión y en su saber. Tiene una caligrafía este doctor que a veces me resulta difícil entender sus recetas(¿Por qué es tan frecuente el garabateo entre los médicos?). Ocurre además que mi médico me recibe sentado en un sillón imponente, y yo enfrente en una silla normal. No me molesta, me parece normal. En realidad no había reparado en ello hasta empezar a escribir este comentario.
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