De un extremo al otro de la casa, he llevado una maleta vacía y, suspendiéndola, la he sentido llena de proyectos, de ilusiones y de bríos de antaño. Hacía seguramente años que no agarraba una maleta. Como casi todo el mundo, me he acostumbrado al cómodo carrito o maleta de ruedas. Extraordinario, cómo un simple manejo revivido puede evocar, hacer reverdecer fugazmente marchitas emociones.