De los dos kiosqueros/
que en mi ruta encuentro,/
uno está leyendo/
y sin levantar la vista,/
me cobra el periódico./
Por el contrario el otro,/
me sonríe afectuoso,/
los buenos días me da,/
me transmite alegría./
De los dos kiosqueros/
que en mi ruta encuentro,/
ya sé cuál de los dos/
vende un diario menos./
Queda muy clara la posible hosquedad del quiosquero, y gracias por la explicación.
Publicado por: Gramático | 27/04/09 en 23:22
Mi padre es (no empezó por gusto) kioskero, y sonreir a una persona que no te va a recordar (aunque muchos son clientes habituales y hay otro trato), así una y otra vez durante 10 horas seguidas es muy pesado, sobretodo si llevas 20 años haciéndolo... así que de vez en cuando pues no se levanta la vista, es normal; para 10 puñeteros céntimos que va a ganar no se va a deshacer en elogios una y otra vez.
Publicado por: Sergio Alvaré | 22/04/09 en 21:35