En general los comentarios necrológicos transmiten que fue un hombre brillante, de energía portentosa y, al mismo tiempo, muy temperamental y sonadamente irascible. Se señala también que aunque con una relevante trayectoria política bajo la dictadura franquista, quiso y pudo integrarse a la instauración de la democracia, jugando un papel de hondo calado. Su gran ambición, llegar a ejercer la jefatura del Gobierno: facultades tenía, pero le sobraban las malas formas. Para alcalde las malas formas pasan; para ministro, rebajan; para jefe de un Gobierno democrático inhabilitan. Las formas ahí importan tanto como el fondo.

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